Liderazgo, Recursos humanos

Coeficiente intelectual vs. Inteligencia emocional en el trabajo

Durante muchos años para las compañías fue fundamental tener colaboradores con un alto coeficiente intelectual (CI), ya que este suele asociarse con el nivel de inteligencia de una persona.

Sin embargo, expertos como el Psicólogo de la Universidad de Harvard, Howard Gardner, han comenzado a cuestionar la veracidad de esta afirmación ya que en estos últimos años se han descubierto que existen distintos tipos de inteligencia.

Tener coeficiente intelectual alto puede resultar beneficioso debido a que muchas de las habilidades cognitivas requeridas en el día a día se relacionan estrechamente con problemas lógicos. Sin embargo, como mencionamos antes, el CI no determina la inteligencia. Muchas profesiones requieren habilidades sociales que no están contempladas en las pruebas de inteligencia y a las que los empleadores suelen dar mucha importancia.

En las empresas se busca que los empleados tengan la capacidad de controlar las propias emociones y encontrar la mejor manera de reaccionar a las diferentes situaciones en la rutina laboral y estas son características cada vez más apreciadas por las compañias.

Incluso, muchas organizaciones dan a la inteligencia emocional (IE) más importancia que al coeficiente intelectual (CI) al contratar personas.

¿Y qué tan importante es la inteligencia emocional en el trabajo?

La inteligencia emocional está vinculada a las aptitudes que implican habilidad a la hora de gestionar y regular las emociones en uno mismo y en los demás, las que a su vez pronostican un rendimiento superior en el entorno laboral. Esta forma parte de las llamadas habilidades blandas que se entienden como “el resultado de una combinación de habilidades sociales, de comunicación, de forma de ser, de acercamiento a los demás, entre otras, que hacen a una persona dada a relacionarse y comunicarse de manera efectiva con otros”.

Es por tanto, un componente muy apreciado en la actualidad, pues posibilita el buen funcionamiento de las empresas y de los equipos de trabajo. Para Goleman (1999), la inteligencia emocional está fundamentada en cinco (5) aptitudes básicas, divididas en personales y sociales, entendiendo por aptitud una característica de la personalidad o conjunto de hábitos que llevan a un desempeño superior o más efectivo.

Estas cinco aptitudes son: Auto-conocimiento, Autorregulación, Motivación, Empatía, Habilidades Sociales. Divididas las tres primeras en aptitudes personales y las dos últimas en aptitudes sociales.

Comprendiéndose que las aptitudes personales aquellas que determinan el dominio de uno mismo y por aptitudes sociales las que determinan el manejo de las relaciones con otras personas y con la sociedad en general.

Es por esto que cada vez son más los expertos que señalan que en el desempeño de un puesto de trabajo el coeficiente intelectual no lo es todo, de hecho por lo visto, afecta mucho menos de lo que creíamos. Son numerosos los investigadores que han concluido que el coeficiente intelectual repercute tan sólo un 20% en el éxito personal y profesional, mientras que la inteligencia emocional hace el 80% restante.

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